miércoles, 25 de noviembre de 2009

Proposiciones e imperativos de la Huelga Nacional


Eleuterio Quintanilla

Al segundo gol nació la ignominia; desde que la selección aseguró su pase al mundial (tema principal aquella semana de la agenda política popular), comenzó el vaivén militar en una ciudad que, ebria de futbol, no se percató de lo que ocurriría aquella madrugada: para la media noche, unos cuarenta y cinco mil empleados de Luz y Fuerza del Centro, pertenecientes al Sindicato Mexicano de Electricistas, habían sido enviados al patíbulo del desempleo y la compañía que dotara de energía eléctrica a la Ciudad de México y la zona centro del país había desaparecido en un golpe que ni el mejor de los analistas políticos hubiera podido entrever o maquinar.
Así pues, aquella semana se hizo también uno de los más grandes despliegues de las fuerzas y organizaciones políticas que existen en este país y en una mega-marcha de más de un millón de personas (y no de unos miles, como aseguran los medios de comunicación) la palabra huelga resonó al unísono desde el Ángel de la Independencia hasta formar eco entre Palacio Nacional y la Catedral metropolitana. Sabias bases aquellas que saben cuál debe ser el programa político que sus direcciones deben tomar y llevar a cabo; sin embargo, esas mismas direcciones suelen, a veces, mostrarse sordas o bien será que acaso conocen los tiempos con los que se debe actuar para no resultar precipitados. Sea el caso que fuere, la actual situación en la que el gobierno de este país nos ha puesto requiere de medidas drásticas por parte de los trabajadores que han sido afectados  por una serie de políticas que lejos de proteger su bienestar, lo aniquila; entonces, la única solución posible que tiene este conflicto, que no es sólo contra el SME y sus agremiados, sino un atentado directo a toda la clase trabajadora, es el derrocamiento de Calderón y de las expresiones neoliberales que sustentan el poder desde el sexenio de De la Madrid; y es que un gobierno que atenta desmedidamente contra aquellos que, supuestamente, lo han encumbrado en el poder no tiene razón de ser inclusive dentro de la teoría política burguesa.
Difícil es discriminar la solución cabal en su totalidad puesto que los panoramas deberán estar en constante cambio y ningún programa político propuesto por organizaciones y colectivos es del todo funcional ya que pecan de mesianismo, egoísmo y de una mala lectura de la realidad mexicana; sin embargo, no sólo los grupos organizados, sino también la sociedad en general, comienzan a entender que bajo este gobierno sólo se consume el futuro en vez de asentarse mientras que unos cuantos (lugar común del capitalismo) siguen enriqueciéndose desmedidamente, engrosando su egoísta bolsillo con el futuro de la sociedad; y no es extraño que suceda cuando durante los últimos nueve años del panismo las condiciones de vida de casi todos los mexicanos se han llevado al extremo, incrementando la pobreza, perdiéndose la seguridad social y el empleo de aquellos que tenían, aumentando e inventando impuestos (lo cual incluye el IVA) y vendiendo a privados los bienes que le pertenecían a los mexicanos. Ante este panorama, es ya una obligación de cualquier ciudadano con el conocimiento político suficiente, sea o no parte de algún grupo político, comenzar a organizar su centro de trabajo hacia una Huelga Nacional cuya principal demanda no sea ya la defensa del SME y de LyFC (que sin duda debe ser parte de un programa de lucha), sino la caída de Calderón; a la par, deben irse construyendo los modelos de organización necesarios para no recaer nuevamente en los burgueses, y  así crear una verdadera democracia participativa en la que el gobierno pueda estar en la mano de todos aquellos que serán gobernados y no una forma representativa que sólo habla por los sectores de las clases altas, excluyendo de la agenda política las exigencias justas de los trabajadores, campesinos y desposeídos.
No hay ya oportunidad de retroceder, una vez que los mecanismos de la historia son encendidos, sin importar qué mano es la que los acciona, sólo queda aceptar las consecuencias, y esta vez es momento de nuestra victoria.

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